Robín U y la maldición de la espada
A punto de caer la tarde, Robín U se prepara para salir al encuentro del dinero del Rey, con gran valor cabalga en su corcel, cruzándose en el camino de los coches, donde el dinero del pueblo es llevado al palacio, desenfunda su espada y con maestría derrota a los escoltas del carruaje que superan los quince en pocos segundos. Recoge el dinero y se dirige a los diferentes territorios asignándole la tarea de distribuir entre los habitantes el dinero destinado a la salud, a su hombre de confianza, Palacio, puro hombre de admirable amor por el pueblo.
“Grande eres, bendición de los dioses, sus promesas son celestiales, quién podría desconfiar de él” gritan los pueblerinos al recibir la parte que les corresponde, después de firmar y llenar los formularios requeridos, no pueden sostener las lagrimas de la alegría que les proporciona contar con tan admirable hombre como lo es Robín U. El legendario héroe siguió asaltando los dineros de los ricos y entregándoselos a los pobres conformando asambleas en todos los territorios y capacitando a los habitantes para futuras guerras con los reyes.
Los pueblos se enfermaron, había muertes por doquier. Robín U al ver la situación tan lamentable realizó una asamblea donde reunió yerba teros, brujos, culebreros y todo tipo de habitantes preparados para proporcionarles a los pueblos una salud íntegra. Fue así como se conformaron los primeros centros de atención, en aquellos pueblos doblegados por las enfermedades, pero la historia tuvo un vuelco inesperado.
Robín U se enfrentaba cara a cara con el Rey Midas, cuando fue herido por la espada de este malvado rey, siendo ese el inicio de las desgracias para los pueblos. El héroe fue atendido en uno de los centros de salud de alta calidad que habían construidos con recursos del pueblo. El héroe se recuperó satisfactoriamente, pero no era el mismo, el pueblo dejó de ser su prioridad, sólo pensaba en convertirlo todo en oro, exigió a los habitantes que pagaran impuestos y prohibió el ingreso a los centros médicos a los pueblerinos que no tuvieran dinero, enviándolos para una subsede diseñada para los menos pudientes, limitando los tratamientos y propiciando emergencias sociales, nada volvió a ser igual para los pueblerinos, quienes observaban cómo sus hijos morían en las filas de los centros médicos construidos con sus propios recursos.
Los ricos cada vez eran más ricos y los pobres cada vez más pobres, las esperanzas de ver a un pueblo libre y sin yugo real fueron arrancados por el filo de la avaricia. Ahora la historia de un héroe que luchaba por la igualdad y por la salud de un pueblo no puede ser ahogada ni consumida en el vino y tabaco, pues éstos también contribuyen para el enriquecimiento del rey, lloran las madres de los pueblos gritando desesperadas con sus hijos en los brazos.
La pandemia se expandió por todo el mundo, cientos de indígenas y habitantes lejanos, imploraban a Robín U que les permitiera que sus hijos fueran revisados por los médicos, pues estaban muy enfermos. Robín U accedió pidiendo algo a cambio: que debían ceder sus terrenos para cubrir el costo de la revisión, los pueblos aceptaron, obligándolos a renunciar a sus tierras por un examen médico. Ahora miran el cielo y piden a los dioses que envíen ayuda divina para poder experimentar lo que saben que existe, pero no lo han vivido: JUSTICIA.

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